miércoles, 9 de septiembre de 2009



Entonces...

sentí un abatimiento general, que lo tenía bien merecido.
Los ruidos nocturnos subieron también por mi nariz: música, algunas carcajadas de mujer, un perro, una sirena.
Todos los ruidos de la ciudad subían por mi nariz e ignoraba cuales podían ser mis limites.
Tomo un suspiro y sigo andando.
Nada funciona.
Solo mi nariz.
Y el mundo huele a podrido.

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